sábado, 3 de septiembre de 2016

La imagen del espejo (Retrato de un escritor)

Hola, ¿qué tal?, mucho gusto. Mi nombre es María Eugenia Massini; soy profesora de Letras con orientación en Comunicación Social.

Probablemente para vos, lector, este inicio resulte poco serio y para nada académico; sin embargo, me pareció conveniente presentarme, puesto que intento entablar con vos un diálogo íntimo por medio de este texto que me define y que en cierto modo te abre las puertas de mi universo. Te invito a pasar para que puedas descubrir los pormenores de la imagen que en este momento me devuelve una ya no tan intimidante hoja en blanco.

Desde que me inicié en el camino bendito de las letras, persigo un sueño que parece no concretarse nunca y que sin embargo está más próximo de lo que imagino: quiero ser escritora. Este deseo lo expreso cada vez que mis alumnos e incluso algunos colegas (entiéndase, en la variedad de cursos que uno realiza) me preguntan por qué elegí esta rama de la docencia. Pues bien, sepan ellos y vos, lector, que lo que quiero es crear, comunicar y compartir; por ello, quiero escribir.

Ahora bien, te preguntarás qué quiero escribir, si lo hago y, por supuesto, qué tal me va con eso. Te diré que no es tan sencillo de responder puesto que hacerlo implica un amplio proceso de remembranzas y un poquito más de definiciones; así que comencemos por el principio, dejame que te cuente qué entiendo por escribir y por supuesto a qué llamo yo escritor.

Escribir, tal como lo define el diccionario, escribe cualquiera, diariamente y quizás sin reparos. Escribir, tal como yo lo entiendo, es otra cosa; es un arte, un proceso paulatino, meticuloso y ordenado mediante el cual damos a luz un texto que contiene en su germen no sólo conceptos sino también intenciones, pensamientos y sobre todo dedicación. El arte de escribir es un proceso creativo en el cual el autor del texto se desdobla para dejar en el mensaje parte de su esencia, rastros de conocimiento, su humanidad.

Creerás que lo dicho anteriormente suena cursi y azucarado; sin embargo, a lo largo de los años he comprendido que el proceso de escritura es así. No cuenta simplemente lo extraído de otros y el vuelo imaginativo, sino que también pesa todo lo que uno vuelca de sí mismo en las páginas que conforman el texto.

Lo que acabo de expresarte tiene su razón de ser. Verás, al inicio de mi proceso creador consideraba que escritor era simplemente aquel que escribía con intención literaria; y de hecho tanto lo creía, que mis esfuerzos se concentraban en lograr producciones poéticas que descansaron primero en un cajón para luego morir en la basura puesto que, los muchos análisis literarios transformaron al artista en crítico; un crítico bastante duro que no tuvo piedad consigo mismo y decidió que las declamaciones amorosas de una adolescente no estaban al nivel de los primeros trabajos en prosa narrativa que comenzaban a clarear en el horizonte literario. Parecía que se acercaban buenos tiempos entonces, y de hecho lo fueron; la pluma se hallaba nutrida de práctica y buena lectura y producía sin cesar todo aquello que se le exigía.  Hoy en día ese ejercicio quedó suspendido por necesidad.  Lo cierto es que las exigencias actuales (tiempo, trabajo y demás menesteres) han hecho que dejara de lado la creación de nuevos mundos para abocarme de lleno a otro tipo de producciones: escrituras funcionales y expositivas.

Como bien te dije en líneas anteriores, soy docente; lo que no te mencioné es que además soy empleada administrativa en una oficina de Recursos Humanos.  Linda mezcla, ¿no?  Bueno, miralo como lo miro yo, hago uso y abuso de la comunicación que es algo que me encanta.

La profesión y el deber me empujan a producir textos que carecen de vuelo imaginativo a menos que yo misma me aburra de la teoría y decida ponerle un poco de “onda” a la redacción para no hacer el conocimiento tan monótono.  Éste es el único modo en que puedo darle rienda suelta a la imaginación; detrás del contenido conceptual, agrego una pizca de invención que se deja integrar de la mano de ejemplos que alimentan el humor a partir de la hiperbolización de acontecimientos cotidianos.

En tanto que la escuela me brinda un respiro creativo, la oficina no me lo permite, pues todo  debe ser tan claro y conciso que los textos se vuelven monótonos, aburridos e incluso vacíos porque el esfuerzo y el empeño puestos en la producción acaban en saco roto. Los receptores son autómatas que responden sin leer e incluso la correcta sintaxis que en esos casos es tan fundamental queda tendida bajo los pies de la indiferencia.  Los recursos cohesivos se pierden en la ignorancia a excepción de la repetición y por el simple hecho de que se deposita en ella la esperanza de que el mensaje sea comprendido por el receptor.


Así y todo, con lo vertiginoso de las propuestas puedo decirte ahora que me estoy acercando a mi deseo, casi lo alcanzo.  Las distintas experiencias que me ofrece el día a día son atrapantes; el arte de escribir pone en funcionamiento la mente; obliga a pensar. No interesa qué tanto deba hacer o producir y cuál sea la intención del producto; lo interesante es sentarme frente a la hoja en blanco, tomar el lápiz y producir.  Luego llegará el momento de la PC y las múltiples revisiones hasta tanto decida dar a luz.
La torta de cumpleaños (Cuento - Anécdota)

Si hay algo que sé hacer bien, es seguir las órdenes del dictador de mi hermano. Genio culinario, disfruta más dando directivas que preparando los platos dulces.

Hace tres años, con motivo de su trigésimo cumpleaños, en casa se organizó una celebración a la que estuvieron invitados varios miembros de la familia. En dicha oportunidad, la torta fue un exquisito brownie con dulce de leche y merengue que, por supuesto, preparé yo siguiendo sus indicaciones. Hoy que celebra su trigésimo tercer natalicio, FACEBOOK me trae un recuerdo grato de aquel momento – una foto de la torta, obvio – y la memoria me acerca un corto del año ´87.

Ese año fue algo loco, desacompasado. No terminábamos, creo yo, de adaptarnos a la mudanza abrupta del año anterior, la distancia que separaba la escuela de casa resultaba cada vez más terrible, la guita no alcanzaba y, para colmo de males, mamá y yo nos contagiamos paperas. A pesar de todo, hoy que soy grande, pienso que esas angustias son nimiedades ante la demostración de amor, Fe y confianza que experimenté ese año.

Les decía que la memoria me acerca un corto. En este corto pasan rapidísimo las imágenes de dos niños subiendo a un auto estacionado frente al colegio Bernasconi, el frasco de mermelada BC lleno de arroz con leche que nos había preparado tía Elvi, y el paseo por las góndolas del Supermercado del juguete que estaba en la calle Candilejas – ahí compramos el regalo para Juan: no sé qué porquería de Rambo (el helicóptero, el arco, qué sé yo). Estas imágenes pasan vertiginosamente y de pronto se detienen en la cara de un angelito rubio de cuatro años, que estaba desesperado por llegar a su casa porque su mamá, aunque estaba enferma, le iba a hacer su torta de cumpleaños.

La torta de cumpleaños… Hoy pienso en esa torta y no puedo más que sonreír. Mamá la preparaba para todos los eventos especiales. “Tortita de pobres” apodamos ahora al bizcochuelo – de vainilla o chocolate, según el gusto del consumidor – con un corte de dulce de leche, duraznos en almíbar y cobertura brillosa de cacao y dulce de leche. “Tortita de pobres”… No es que ahora seamos ricos, pero, gracias a Dios, las cosas mejoraron un poquito y somos más los que trabajamos y aportamos para poder darnos un gusto.

El 18 de agosto de 1987 fue un día especial y ameritaba tener su “tortita de pobres”. Ese día Juan se despertó y a pesar de que tía Elvi intentó convencerlo, no hubo manera de hacerlo cambiar de opinión: él quería volver a su casa porque su mamá le iba a hacer la torta de cumpleaños.

El 18 de agosto de 1987, mamá, con la cara hinchada como una pelota, el pelo desordenado y el cuerpo cansado, se levantó de la cama, se puso el déshabillé azul y las “zapatillitas de chinito” para preparar la torta de cumpleaños que el angelito rubio estaba esperando.


El 18 de agosto de 1987, el regalo más importante no fue el que Juan eligió en el Supermercado del juguete, sino la torta de cumpleaños.

sábado, 10 de julio de 2010

Novela!

El hombre tiende a teatralizar su propia existencia. Todos somos personajes en busca de un autor; solemos ser un narrador protagonista que cuenta desde una focalización demasiado subjetiva. Muchas veces olvidamos que existe un punto medio en la escala de colores con la cual pincelamos la vida; nadie muere de amor y tampoco de tristeza; pero..... quién es capaz de identificar en la paleta del universo el instante exacto en que la ilusión se acaba y la realidad golpea.... ningún instante es compacto. Somos como el fénix. La rueda de la fortuna gira y se detiene en el momento preciso en que las llamas ahogan el tiempo para dejarlo reposar... De cada caída algo nuevo se aprende. El hombre surge. Yo también.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Quisiera...

Quisiera que el tiempo se detuviera en ese instante en que la sal de los ojos se derramó sobre el desierto áspero de caricias...

Quisiera que el tiempo se detuviera en ese insante en que como el zorro domesticado comencé a extrañar en el trigo el brillo áurico de sus montes rubios...

Quisiera que el tiempo se detuviera en ese insante en que propuse a mis pensamientos dejar de rondar mi alma para encenderla nuevamente con aquel brillo que las sonrisas regalan...

Quisiera que el tiempo se detuviera en ese instante en que el marrón profundo de mis ojos se detuvo en el punto exacto en que los sueños nublan el pensamiento y atizan las emociones...

Quisiera que el tiempo se detuviera en este instante para no rogar a mi pluma que dibuje una a una las palabras que encerradas en la tinaja dejan olvidada en el fondo la esperanza de Pandora...

Quisiera que el tiempo se detuviera en este instante para no tener que enseñarle al tiempo a olvidarte en un instante...

martes, 17 de noviembre de 2009

Poema en cuatro angustias y una esperanza

Enseguida anochece.

La luna clara se dibuja en el universo.

Como una diosa recién llegada trae la palabra inédita;
la sílaba secreta, la melodía encadenada.

La musa tiene dos vidas…

…Yo, una.

Ladrón de Versos II

Enseguida anochece.
Me desprendo del abrazo,
salgo a la calle.

Las historias giran en el univers0,
las estrellas tiemblan, se estremecen;
la luna clara se dibuja en el firmamento

¿Me imaginas?
No imagines,
nada de lo que imaginas es real.

El silencio acosa mis horas perseguidas.
Como una diosa recién llegada
trae la palabra inédita, La sílaba secreta.

Por fin me necesita.

Ladrón de Versos I

Enseguida anochece.
El verso cae al alma
como al pasto el rocío.

Las historias giran en el universo.
No imagines,
nada de lo que imaginas es real.

Las estrellas no dejan de temblar;
como una diosa recién llegada
trae la palabra inédita,la sílaba secreta que alimenta.

Por fin me necesita.